martes, 17 de noviembre de 2015

Simulacro de evaluación sobre PIAS


1.        Agregá PIAS a los sustantivos subrayados (2):

Morpurgo escribe atractivas novelas
La mujer cayó de un acantilado.

2.        Reemplazá por PIAS los adjetivos subrayados. La PIA debe reflejar un significado similar pero no uses el mismo adjetivo. (3)
   
   El hombre temido se dedicaba a hacer experimentos peligrosos. La catástrofe  inesperada trajo a la vida de Will amigos salvajes. El cocinero generoso colaboró con comida sabrosa.

3.        Analizá sintácticamente las siguientes oraciones (3):
El tsunami que sacudió las playas de Indonesia mató a su madre.

Will llegó a un lugar donde salvaron su vida con cariño y paciencia.

4.        Uní las siguientes oraciones construyendo una Pia y usando el encabezador pedido (2)

Will escapó con los pequeños orangutanes. Los pequeños orangutanes tenían mucho miedo. (preposición + los cuales)

El doble suicidio se convirtió en una obsesión. Mrs. Oliver quería investigar el doble suicidio. (que)
NOTAS:  Las PIAS no deben construirse únicamente con el encabezador “que”. //Si se utilizan “el cual, la cual…” es necesario usar una preposición adelante. //El encabezador “quien” solamente puede usarse sin preposición  cuando modifique a un nombre propio.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Proposiciones adjetivas

Simulacro de evaluación:

1.    Agregá PIAS a los sustantivos subrayados (2):

a. En la casa abandonada, los chicos disfrutaron muchos trucos.   b.   El mago provocó una sorpresa.

2. Reemplazá por PIAS los adjetivos subrayados. La PIA debe reflejar un significado similar pero no usar el mismo adjetivo  (3)

a. Los anónimos misteriosos preocupaban a los vecinos asustados. b. El hermano valiente no abandonó nunca sus ideales nobles. c. El brazo herido se transformó en una preocupación constante.

3.  Analizá sintácticamente las siguientes oraciones (3)

      El chofer que llevó a Drebber era su asesino. // Estaba en el laberinto donde vivía un niño fantasmal.

4. Uní las siguientes oraciones con el encabezador pedido (2):

Victor no tenía amigos. Los padres de Victor estaban separados. (cuyos)

Las horas estaban llenas de recuerdos. Él esperaba el fusilamiento durante horas (Prep.+ las cuales)

domingo, 8 de noviembre de 2015

Ejercitación para proposiciones adjetivas


1.        Simulacro de evaluación:

1.        Agregá PIAS a los sustantivos subrayados (2):

a.    Claudio  dibujaba relojes.  

b.    Unos jóvenes acudieron a la guerra.

2.  Reemplazá por PIAS los adjetivos subrayados. La PIA debe reflejar un significado similar pero no uses el mismo adjetivo. (3)

    a. El novio abandonado decidió investigar a aquel hombre siniestro.  
    b. Los invitados atemorizados empezaron a sentir una desconfianza peligrosa
    c. El perro fantasmal  era una trampa mortal.

    3. Analizá sintácticamente las siguientes oraciones (3):

Entraron al parque donde los esperaba la muerte

La chica a quien Tommo amaba era Molly.

4. Uní las siguientes oraciones construyendo una Pia y usando el encabezador pedido (2)

La lobizona no quería que Big Joe tuviera animales extraños. Big Joe jugaba con animales extraños (prep + los cuales)

El fusilamiento de Charlie era una gran injusticia. El fusilamiento se produciría a las 6. (que)

NOTAS:  Las PIAS no de
ben construirse únicamente con el encabezador “que”. //Si se utilizan “el cual, la cual…” es necesario usar una preposición adelante. //El encabezador “quien” solamente puede usarse sin preposición  cuando modifique a un nombre propio.

martes, 13 de octubre de 2015

martes, 6 de octubre de 2015

Montevideo, de Jorge Luis Borges

Montevideo
Resbalo por tu tarde como el cansancio por la piedad de un declive.
La noche nueva es como un ala sobre tus azoteas.
Eres el Buenos Aires que tuvimos, el que en los años se alejó quietamente.
Eres nuestra y fiestera, como la estrella que duplican las aguas.
Puerta falsa en el tiempo, tus calles miran al pasado más leve.
Claror de donde la mañana nos llega, sobre las dulces aguas turbias.
Antes de iluminar mi celosía tu bajo sol bienaventura tus quintas.
Ciudad que se oye como un verso.
Calles con luz de patio.

Jorge Luis Borges, Luna de enfrente, 1925




Poema "Buenos Aires", de Jorge Luis Borges

“Buenos Aires”, de Jorge Luis Borges:

Y la ciudad ahora es como un plano
De mis humillaciones y fracasos;
Desde esta puerta he visto los ocasos
Y ante este mármol he aguardado en vano.

Aquí el incierto ayer y el hoy distinto
Me han deparado los comunes casos
De toda suerte humana, aquí mis pasos
Urden su incalculable laberinto.


Aquí la tarde cenicienta espera
El fruto que le debe la mañana;
Aquí mi sombra en la no menos vana


Sombra final se perderá, ligera.
No nos une el amor sino el espanto;
Será por eso que la quiero tanto.


La raza inextinguible

LA RAZA INEXTINGUIBLE
En aquella ciudad todo era perfecto y pequeño: las casas, los muebles, los útiles de trabajo, las tiendas, los jardines. Traté de averiguar qué raza tan evolucionada de pigmeos la habitaban. Un niño ojeroso me dio el informe:
«Somos los que trabajamos: nuestros padres, un poco por egoísmo, otro poco por darnos el gusto, implantaron esta manera de vivir económica y agradable. Mientras ellos están sentados en sus casas, jugando a la baraja, tocando música, leyendo o conversando, amando, odiando (pues son apasionados), nosotros jugamos a edificar, a limpiar, a hacer trabajos de carpintería, a cosechar, a vender. Nuestros instrumentos de trabajo son de un tamaño proporcionado al nuestro. Con sorprendente facilidad cumplimos las obligaciones cotidianas. Debo confesar que al principio algunos animales, en especial los amaestrados, no nos respetaban, porque sabían que éramos niños. Pero paulatinamente, con algunos engaños, nos respetaron. Los trabajos que hacemos no son difíciles; son fatigosos. A menudo sudamos como caballos lanzados en una carrera. A veces nos arrojamos al suelo y no queremos seguir jugando (comemos pasto o terroncitos de tierra o nos contentamos con lamer las baldosas), pero ese capricho dura un instante, "lo que dura una tormenta de verano", como dice mi prima. Es claro que no todo es ventaja para nuestros padres. Ellos también tienen algunos inconvenientes; por ejemplo:
deben entrar en sus casas agachándose, casi en cuclillas, porque las puertas y las habitaciones son diminutas. La palabra diminuta está siempre en sus labios. La cantidad de alimentos que consiguen, según las quejas de mis tías, que son glotonas, es reducidísima. Las jarras y los vasos en que toman agua no los satisfacen y tal vez esto explica que haya habido últimamente tantos robos de baldes y otras quincallas. La ropa les queda ajustada, pues nuestras máquinas no sirven ni servirán para hacerlas en medidas tan grandes. La mayoría, que no dispone de varias camas, duermen encogidos. De noche tiritan de frío si no se cubren con una enormidad de colchas que, de acuerdo con las palabras de mi pobre padre, parecen más bien pañuelos. Actualmente mucha gente protesta por las tortas de boda que nadie prueba por cortesía; por las pelucas que no tapan las calvicies más moderadas; por las jaulas donde entran sólo los picaflores embalsamados. Sospecho que para demostrar su malevolencia esa misma gente no concurre casi nunca a nuestras ceremonias ni a nuestras representaciones teatrales o cinematográficas. Debo decir que no caben en las butacas y que la idea de sentarse en el suelo, en un lugar público, los horroriza. Sin embargo, algunas personas de estatura mediocre, inescrupulosas (cada día hay más), ocupan nuestros lugares, sin que lo advirtamos. Somos confiados pero no distraídos. Hemos tardado mucho en descubrir a los impostores. Las personas grandes, cuando son pequeñas, muy pequeñas, se parecen a nosotros, se entiende, cuando estamos cansados: tienen líneas en la cara, hinchazones bajo los ojos, hablan de un modo vago, mezclando varios idiomas. Un día me confundieron con una de esas criaturas: no quiero recordarlo. Ahora descubrimos con más facilidad a los impostores. Nos hemos puesto en guardia, para echarlos de nuestro círculo. Somos felices. Creo que somos felices.
«Nos abruman, es cierto, algunas inquietudes: corre el rumor de que por culpa nuestra la gente no alcanza, cuando es adulta, las proporciones normales, vale decir, las proporciones desorbitadas que los caracteriza. Algunos tienen la estatura de un niño de diez años; otros, más afortunados, la de un niño de siete años. Pretenden ser niños y no saben que cualquiera no lo es por una mera deficiencia de centímetros. Nosotros, en cambio, según las estadísticas, disminuimos de estatura sin debilitarnos, sin dejar de ser lo que somos, sin pretender engañar a nadie.
"Esto nos halaga, pero también nos inquieta. Mi hermano ya me dijo que sus herramientas de carpintería le pesan. Una amiga me dijo que su aguja de bordar le parece grande como una espada. Yo mismo encuentro cierta dificultad en manejar el hacha.
«No nos preocupa tanto el peligro de que nuestros padres ocupen el lugar que nos han concedido, cosa que nunca les permitiremos, pues antes de entregárselas, romperemos nuestras máquinas, destruiremos las usinas eléctricas y las instalaciones de agua corriente; nos preocupa la posteridad, el porvenir de la raza.
«Es verdad que algunos, entre nosotros, afirman que al reducirnos, a lo largo del tiempo, nuestra visión del mundo será más íntima y más humana.»
Silvina Ocampo