jueves, 18 de abril de 2019

Ensayo de Rosa Montero (4º año Cangallo)

EL PAÍS, 20 de enero de 2019

Todos somos raros (aunque unos más que otros)
La curiosidad, el amor al reto, la necesidad de lograr algo distinto y una gloriosa chifladura forman parte de la condición humana

UN RECIENTE ESTUDIO del departamento de psicología de la Universidad de Yale (EE UU) ha demostrado que nadie es normal, o lo que es lo mismo, que la normalidad es tan sólo un valor estadístico, lo cual, por otra parte, es una verdad de Perogrullo, una obviedad que muy dentro de nosotros todos sabemos. El individuo supuestamente normal no es más que un modelo imposible diseñado con los rasgos más habituales, pero como nadie puede estar dentro de los valores mayoritarios en todos los registros de su vida, resulta que todos somos raros de algún modo. Y esas desviaciones nos definen de tal manera que a menudo pienso que el amor consiste, precisamente, en encontrar a alguien con quien compartir nuestras rarezas.

Eso sí, algunos parecen más raros que otros. O quizá en esto influya un sesgo cultural: no en todas las sociedades resulta igual de fácil mostrar tus diferencias. Por ejemplo, yo diría que Reino Unido siempre ha respetado e incluso fomentado la excentricidad, mientras que la sociedad española ha sido tradicionalmente mucho más normativa. Lord Byron, un excéntrico él mismo, dijo que la decadencia del imperio español fue a causa de la publicación del Quijote, porque el libro esencial de nuestra cultura nos enseñaba que el individuo que se atrevía a ser distinto y a tener grandes sueños se convertía en un patético bufón de quien todos se burlaban. Yo no sé si nuestro hipertrofiado sentido del ridículo se deberá al hidalgo manchego; más bien creo que Cervantes, con su enorme talento, supo captar ese rasgo de nuestra cultura. Pero lo que sí es cierto es que la diferencia es un valor, que la diversidad contribuye al éxito adaptativo de nuestra especie y que la gente rara, en un amplio arco que va desde lo más estrafalario hasta lo más sublime, es el motor de la historia.

El neuropsicólogo escocés David Weeks publicó en 1995 un libro sobre la excentricidad en el que concluía que quienes poseían esta peculiaridad eran más felices, consumían menos drogas y eran muy creativos. También calculaba que sólo había un excéntrico por cada 5.000 o 10.000 personas, lo cual me parece bajísimo. Creo que Weeks sólo se refería a los raros geniales, y eso, claro, es afinar mucho. Pero basta con mirar de cerca a tus vecinos para advertir que los seres humanos somos un hervor de extravagancias.

Y si no, consulta en Internet los récords Guinness más estrafalarios y pásmate ante las cosas a las que la gente se dedica. Hay un récord para saltar 100 metros vallas con aletas de bucear en los pies, una suprema tontería que hace la carrera dificilísima (¿cómo se le ocurriría a alguien semejante idea?). Otros doblan sartenes de aluminio con las manos, o arrastran camiones tirando con una oreja, o con el pene, los dientes, el pelo e incluso uno “con la cuenca de los ojos”, que no sé muy bien qué espeluznante cosa significa. Todas estas actividades, por extrañas que parezcan, tienen numerosos competidores y son retos exigentes que obligan a largos y duros entrenamientos. La ambición de una vida.

Este artículo se ha cocido en mi cabeza tras leer que un francés de 71 años zarpó a finales de diciembre de las islas Canarias encerrado dentro de una especie de barril naranja, con el que espera llegar al Caribe en tres meses, impulsado tan sólo por el oleaje. Viva la excentricidad, me dije, divertida ante un proyecto tan loco que, por otra parte, va a servir de estudio sobre los efectos de la soledad en el encierro. No es el único que se mete en estos líos. Por ejemplo, también me fascina que se hayan presentado miles de personas al proyecto Mars One, que pretende enviar 24 colonos a Marte en 2027, en un viaje sin retorno. Ahora Mars One está en entredicho (se habla incluso de estafa), pero los aspirantes acudieron honestamente, dispuestos a irse a Marte para el resto de su vida. ¿No es formidable esa temeridad, esa excentricidad? ¿Por qué se empeña el ser humano en hacer cosas tan peligrosas y tan inútiles como, pongamos, subir hasta la cumbre del ­Everest? Pues simplemente porque la montaña está ahí. La curiosidad, el amor al reto, la necesidad de lograr algo distinto y una gloriosa chifladura forman parte de la condición humana. Sin los raros, aún seguiríamos en las cavernas. 


jueves, 28 de marzo de 2019

The first knight (Lancelot) Cangallo 1º año

https://es.onmovies.to/film/cMr/First-Knight?ep=10681 (subtitulada)

https://www.fullpeliculashd.me/iframe/57087/ (doblada)

miércoles, 27 de marzo de 2019

El cuentista, para Cens, 2019


EL CUENTISTA, de Saki


            Era una tarde calurosa, y en el compartimento del ferrocarril el aire se volvía sofocante. Faltaba casi una hora para llegar a Templecombe, la próxima estación. Ocuparon el compartimento dos niñas, una menor que la otra, y un niño; acompañados de una tía ubicada en un extremo del asiento; y enfrente, en otro extremo, había un solterón que no formaba parte del grupo, lo cual no impidió que los niños se instalaran en su asiento. Tanto la tía como los niños practicaban ese tipo de conversación limitada, persistente, que hace pensar en las atenciones de una mosca que no se desalienta por más que la rechacen. Aparentemente la mayor parte de las conversaciones de la tía comenzaban con “No debes” y casi todas las observaciones de los niños con “¿Por qué?”. El solterón no manifestó en alta voz lo que pensaba.
            —No debes hacerlo, Cyril, no lo hagas —exclamó la tía, mientras el niño golpeaba los almohadones del asiento levantando con cada golpe una nube de polvo. (...)
            —Vengan, que les voy a contar un cuento —dijo la tía, después de que el solterón la miró a ella dos veces y una al timbre de alarma.(...)
            En voz baja y en un tono confidencial, interrumpida a intervalos frecuentes por las preguntas petulantes que sus oyentes formulaban en alta voz, comenzó un relato lamentablemente desprovisto de interés acerca de una niña que era buena, y que se había hecho amiga de todos debido a su bondad, y que fue finalmente salvada del ataque de un toro furioso, por varias personas que la admiraban por su virtud.
            —¿Si no hubiera sido buena, no la habrían salvado? —preguntó la mayor de las niñas. Ésa era exactamente la pregunta que quería formular el solterón.
            —Sí, claro —admitió débilmente la tía—, pero no creo que hubieran corrido de esa manera, si no la hubieran querido tanto.
            —Nunca escuché un cuento más estúpido —dijo la mayor de las niñas, con suma convicción. (...)
            —Al parecer no tiene usted ningún éxito como cuentista —dijo de pronto el solterón desde el otro extremo. (...)
            —A lo mejor quiera usted contarles un cuento —repitió la tía.
            —Cuéntenos un cuento —pidió la mayor de las niñas.
            —Había una vez —comenzó el solterón—, una niña llamada Bertha que era extraordinariamente buena. (...) Era siempre obediente, no faltaba a la verdad, conservaba limpia su ropa, comía budines de leche como si fueran pastelitos rellenos de dulce, aprendía perfectamente sus lecciones y era bien educada. (...)
            —¿Era linda? —preguntó la mayor de las niñas.
            —No tan linda como tú —dijo el solterón—, pero era horrorosamente buena.
            En los niños hubo una reacción favorable. La palabra horrorosa referida a la bondad era una novedad recomendable por sí sola. Introducía un viso de verdad que estaba ausente en los cuentos de la vida infantil que refería la tía.
            —Era tan buena —prosiguió el solterón— que su bondad le valió varias medallas que llevaba siempre prendidas al vestido. Una medalla en premio a la obediencia, otra a la puntualidad y una tercera  por buena conducta. (...)      Todos hablaban de su bondad y al príncipe de la comarca le llegaron noticias al respecto, y dijo que como era tan buena tendría autorización de pasearse  una vez por semana por su parque, que quedaba en las afueras del pueblo. Era un parque muy hermoso, y en el cual no se permitía entrar a los niños, de modo que era un gran honor para Bertha ser invitada al parque. Bertha lamentaba que no hubiera flores en el parque. (...)
            —¿Por qué no había flores?
            —Porque se las habían comido los lechones —respondió enseguida el solterón—. Los jardineros explicaron que no se podía tener flores y lechones a la vez, y el príncipe prefirió tener lechones.
            Hubo un murmullo de aprobación por la excelente decisión del príncipe: tantas personas hubieran elegido la otra alternativa...
            —Bertha paseaba por el parque y sentía una inmensa felicidad, y pensó: “Si yo no fuera extraordinariamente buena, no me hubieran permitido venir a este parque tan bello y disfrutar de todo lo que aquí se ve”. Y mientras caminaba sus tres medallas tintinearon al rozarse y le hicieron recordar cómo era de buena.
            En ese preciso instante, comenzó a rondar por el parque un lobo que andaba en busca de un lechón gordo para comérselo a la hora de cenar. Bertha vio al lobo y vio que el lobo avanzaba hacia donde ella se encontraba. Comenzó a lamentarse de que la hubieran invitado al parque. Corrió tan velozmente como pudo, y el lobo, dando grandes saltos, la alcanzó. Bertha logró llegar hasta donde había un grupo de arrayanes y se ocultó. (...)
            El lobo comenzó a husmear entre sus ramas, con su lengua negra colgándole de su boca y sus ojos grises brillando de furia. (...)
            Bertha temblaba toda entera de tener al lobo rondando y husmeando tan cerca de ella, y al ponerse a temblar la medalla de la obediencia chocó con las de buena conducta y puntualidad. El lobo se disponía a alejarse cuando oyó el ruido de las medallas que tintineaban, y se detuvo a escuchar; el tintineo volvió a repetirse desde un arbusto muy cercano al que se encontraba. Se lanzó desde ese arbusto, con sus ojos gris claro que brillaban de ferocidad y de satisfacción, y arrastró a Bertha de su escondite y se la devoró hasta el último bocado.
            Todo lo que quedó de Bertha fueron sus zapatos, restos de ropa y las tres medallas de la bondad. (...)
            —El cuento empezó mal —dijo la menor de las niñas—, pero tiene un final muy hermoso. (...)
            —Es el único cuento hermoso que he escuchado en toda mi vida —dijo la mayor de las niñas.
            —¡Un cuento absolutamente inadecuado para los niños! Usted ha destruido el efecto de años de cuidadosas enseñanzas.
            —De todas maneras, ...los mantuve tranquilos.


domingo, 24 de marzo de 2019

Trabajo práctico 5º año (Escuela Cangallo)

Trabajo práctico – 5º año Comunicación y Ciencias Sociales y Humanísticas - Lengua y literatura – 2019
Profesora: Marcela Testadiferro
Tema:   Discurso político

Normas a cumplir:
  • El trabajo deberá ser entregado en una carpeta o folio.
  • El trabajo deberá estar impreso usando Times New Roman, tamaño 12, con interlineado sencillo.
  • El trabajo práctico será individual.
  • El trabajo podrá entregarse entre el viernes 5 y el martes 9 de abril.
  • Fecha de devolución: hasta el 30 de abril.

Se advierte a los estudiantes que la honestidad en la realización del trabajo es fundamental. De existir dudas sobre la misma, la profesora podrá evaluar a los mismos para verificar su compromiso con el material analizado y producido.

Consignas a realizar:

1)      Los estudiantes deberán elegir un discurso político (o fragmentos de uno) de entre 15 y 30 líneas. Deberán consignar la fecha y el contexto situacional de dicho discurso.
2)     Informarán a la profesora acerca del discurso elegido, a fin de que no haya superposiciones entre las elecciones hechas, con antelación a la fecha de entrega.

3)  Escribirán un texto de entre 20 y 30 líneas analizando el discurso. Para este análisis utilizarán las categorías vistas en clase. Podrán hacer apreciaciones personales, siempre y cuando las mismas incluyan la utilización de las categorías estudiadas (contextos, destinatarios, denominación de colectivos, componentes del discurso, etc.). En ningún caso se trata de presentar cuadros o esquemas, sino de producir un texto en prosa que refleje el análisis crítico del discurso elegido.

miércoles, 20 de marzo de 2019

No te salves, de Mario Benedetti


No te salves

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

Mario Benedetti